“En torno a la implantación de la atención infantil temprana
en el sistema público de salud en Andalucía”.
Redacción:
Juan Carlos Maysounave Díaz. Psicólogo
SAIT de Osuna
Documento
revisado y actualizado a partir del Informe Técnico aprobado por la Junta
Directiva de la Asociación Sevillana de Terapeutas de Atención Infantil
Temprana.
Dirección
de contacto: C/ Carrera, 82 (antiguo hospital). C.P. 41640. Osuna
(Sevilla)
Tfno. : 955820220 Fax: 954815650
En
nuestra comunidad, la Atención Temprana (AT) se encuentra actualmente en una
situación de espera marcada por el traspaso definitivo de competencias del
marco de asuntos sociales al sanitario.
Como
en todo proceso de cambio y careciendo de informaciones oficiales, se están
generando importantes expectativas en los diferentes ámbitos relacionados con
este sector (familiares, sociales, colectivos profesionales, etc.). Situados en
el campo de las asociaciones de profesionales, nos planteamos contribuir
positivamente a dicho traspaso de competencias aportando una revisión técnica
de determinados aspectos que nos parecen fundamentales para ser valorados
seriamente en el diseño y desarrollo próximo de la AT.
Por
su importante calado
institucional (Real Patronato sobre Discapacidad) y siendo producto del consenso de múltiples profesionales de todo el
territorio español (Grupo de Atención Temprana), el Libro Blanco de la Atención
Temprana (Madrid, 2000) se ha convertido en marco fundamental de obligada
referencia. Desde este documento “se
entiende por atención temprana el conjunto de intervenciones, dirigidas a la
población infantil de 0 a 6 años, a la familia y al entorno, que tienen por
objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o
permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que
tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la
globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de
orientación interdisciplinar o transdisciplinar”.
Desde
el Libro Blanco de la Atención Temprana se establecen igualmente los siguientes
principios básicos que deben guiar la planificación y el buen
desarrollo de la AT en cualquier comunidad:
-
Diálogo
-
Integración
y participación (sociofamiliar)
-
Gratuidad,
universalidad e igualdad de oportunidades
-
Responsabilidad
pública
-
Interdisciplinariedad
y alta cualificación profesional
-
Coordinación
-
Descentralización
-
Sectorización
·
MARCO
LEGISLATIVO
A
partir de la publicación de la Ley 1/1999, de 31 de marzo, de Atención a
las personas con discapacidad en Andalucía (aprobada por el Pleno del
Parlamento de Andalucía en sesión celebrada los días 10 y 11 de marzo de 1999
y publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía número 45, del 17
de Abril de 1999), es una evidencia que el desarrollo próximo de la atención
infantil temprana en nuestra región pasa por su implantación en el Sistema
Público de Salud, tal y como se desarrolla expresamente en el Artículo 11
de dicho texto legal.
Las expectativas que se derivan
de este marco general de intenciones, nos conduce a una revisión y ampliación
de lo que es y se entiende por atención temprana en nuestra comunidad.
Creemos que ha llegado el momento de asumir que las necesidades derivadas de
unas situaciones de discapacidad o de riesgo de padecerlas en cualquier edad,
además del peso específico que pueden desempeñar los componentes sociales
posibles, afectan singular y globalmente a la SALUD de la persona y su
familia en su percepción más amplia. Partiendo de la definición de la OMS,
“Salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo
la mera ausencia de enfermedad o dolencia”. Por lo tanto, las situaciones de
discapacidad y/o los estados previos que pueden conducir
a ellas, requieren consecuentemente una atención sanitaria similar, en concepción,
estructura y disposición de recursos básicos, a la puede requerir
cualquier otra manifestación que afecte a la salud de los individuos, en
diferentes procesos, situaciones y etapas evolutivas. Respetando en todo caso
las peculiaridades y necesidades de un modelo de AT que considere los aspectos
bio-psico-sociales en la intervención.
Más
allá de las interpretaciones o reflexiones personales, este tipo de argumentación
cuenta con un respaldo legislativo contundente a todos los niveles. Desde la
generalidad de la Declaración Universal de los Derechos del Niño y la
Constitución Española, hasta la especificidad de la propia Ley de
Atención a las personas con discapacidad en Andalucía. En síntesis, es
claro que los niños con problemas en su desarrollo son sujetos de pleno derecho
de nuestra sociedad y están
amparados en igualdad por los mismos principios fundamentales que todos los
ciudadanos. Consecuentemente y en pura lógica, deben estar especialmente
garantizados los derechos de aquellos niños que pueden requerir precisamente
una atención especializada por manifestar o padecer riesgo de presentar
determinadas discapacidades.
En
el ámbito sanitario particularmente, la Ley 2/1998, de 15 de junio,
de Salud de Andalucía (publicada en el Boletín Oficial de la Junta de
Andalucía, número 74, de 4 de julio de 1.998), configura el Sistema
Sanitario Público de Andalucía, que asegura el derecho a la
protección de la salud de todos los ciudadanos de nuestra
comunidad. Dicha Ley define el mencionado Sistema Sanitario Público de Andalucía
como el conjunto de recursos, medios organizativos y actuaciones de las
Administraciones sanitarias públicas de la Comunidad Autónoma o vinculadas a
las mismas, orientados a satisfacer el derecho a la protección de la
salud a través de la promoción de la salud, prevención de las enfermedades y
la atención sanitaria. Además,
se hace constar que el Sistema
Sanitario Público de Andalucía, tiene como principios:
la Financiación Pública; el aseguramiento Universal y Único; la
Integralidad de la atención y la Equidad en la Distribución de los Recursos.
Por
tanto, podemos concluir esta fundamentación legislativa básica afirmando que,
como es sabido y era de esperar, no existe una carencia de marcos legales que
definan obligaciones y competencias fundamentales (“líneas maestras”) en
materias relacionadas directamente con la población objeto de AT, sino enormes
lagunas, ausencias y limitaciones pragmáticas en su aplicación universal y
sistemática por parte de los sectores que son competentes. Y más específicamente,
en lo que al ámbito del sistema sanitario se refiere.
Así pues, en las circunstancias actuales (marcadas por la aplicación de la Ley de Atención a las personas con discapacidad en Andalucía), abogamos por la idoneidad de habilitar un espacio socio-sanitario cercano a los ciudadanos en su medio natural que, insertado en el marco de actuación del Sistema Sanitario Público de nuestra Comunidad (y apelando por tanto a sus principios fundamentales), asegure una atención de calidad e integral (bio-psico-social) a la población infantil (y familia) que, en sus primeras edades, presente o pueda presentar trastornos en el desarrollo.
3.
PANORAMA ACTUAL Y REFLEXIONES PARA EL AVANCE DE LA ATENCIÓN TEMPRANA EN ANDALUCÍA.
No es nuestra intención hacer una defensa de los beneficios de la AT, tratando
de desarrollar o justificar su validez científica. En la actualidad es,
afortunadamente, un debate ya superado por la evidencia de su eficacia y
necesidad (García Sánchez, Castellanos y Mendieta,1998). Y si no, ¿cómo
interpretar, por ejemplo, la influencia directa de la AT sobre aspectos
neurobiológicos, sensoriales o conductuales en los primeros años de vida; las
acciones optimizadoras y compensatorias de
las diferentes áreas del desarrollo madurativo; la finalidad preventiva
primaria, secundaria o terciaria de las actuaciones profesionales; el trabajo
con la familia; su contribución a
la integración y normalización del menor en su entorno, etc.?
Si
atendemos a criterios cuantificables, la
OMS considera del 3 al 5% de los recién nacidos como de alto riesgo de padecer
una discapacidad y en torno al 12% de riesgo moderado, precisando atención médica
tras el nacimiento. Por su parte, las
últimas estimaciones del Plan de Acción para Personas con Discapacidad
(1997-2002) establecen que, en nuestro país, entre el 2 y el 3% de los niños
presentan graves deficiencias tras el nacimiento; y entre el 6 y el 8% de los niños menores de 6 años
manifiestan problemas importantes a lo largo de su desarrollo.
Por
otro lado, tampoco pretendemos entrar a describir o detallar exhaustivamente
“la realidad de la AT en Andalucía”. Aunque sí poseemos conocimientos
directos suficientes para afirmar que existe un panorama general caracterizado
por una compleja variabilidad y multiplicidad de circunstancias
diferentes por cada una de las provincias andaluzas.
Si
valoramos las características estructurales y formales de base de los
diferentes recursos (tipología de centros, denominación, naturaleza, número,
financiación, dependencia administrativa, personal, etc.), nos encontramos que
la realidad interprovincial e incluso intraprovincial presenta una diversificación
destacada, coexistiendo diferentes modelos básicos de intervención hacia la
comunidad.
Esta
misma variabilidad en lo estructural puede trasladarse a la propia dinámica
funcional de los respectivos centros y servicios. Es decir, aunque los
objetivos que se persiguen sean idénticos o similares (maximizar el potencial
del desarrollo del niño; prevenir el desarrollo de problemas secundarios o
retrasos en el desarrollo y mantener al niño en su contexto natural apoyando y
orientando a la familia), la diversa casuística de los diferentes recursos
conlleva que se desarrollen distintas políticas y realidades que, a la postre,
afectan a lo que podemos entender como vertientes fundamentales de la AT:
Prevención, Detección e Intervención (García Sánchez, Castellanos y
Mendieta,1998).
Por
todo ello, pensamos que el cumplimiento efectivo de las disposiciones legales
para el desarrollo próximo de la atención infantil temprana en Andalucía se
convierte en una oportunidad histórica que puede (y debe) transformar
progresiva y positivamente la realidad de
la AT en nuestra comunidad, optimizando los recursos existentes y ofreciendo
una respuesta única e integral, basada en criterios primarios de universalidad,
publicidad, gratuidad y cercanía.
Desde
sus orígenes, el modelo de AT seguido en Andalucía se ha enmarcado
mayoritariamente en el ámbito de actuación de Asuntos Sociales. De este
modo, ha tenido tradicionalmente su justificación a través de lo que se puede
definir como acción solidaria de la administración hacia los colectivos más
desfavorecidos, entre los que se encuentra la atención a la población infantil
con discapacidad. Así, se ha
venido contemplando y planificando la atención a este importante sector en el
terreno de las “prestaciones” sociales coyunturales hacia determinados
“beneficiarios” y nunca, hasta ahora, como un derecho verdaderamente
primario, afianzado y generalizado para toda la comunidad andaluza.
Así
pues, nos encontramos ante una especial coyuntura que, partiendo de la
experiencia previa acumulada, debería suponer un avance cualitativo de
la AT en sus dimensiones fundamentales: Conceptuales, estructurales y
funcionales.
Nueva
terminología conceptual: De la prestación al derecho.
Fruto
del planteamiento básico antes descrito, creemos que habría que comenzar por
modificar la propia terminología empleada para definir a la población
objeto de una intervención temprana especializada. De este modo, proponemos
evitar el “etiquetaje” tradicional de dicha población, percibida como “beneficiaria
de prestaciones sociales”, para ubicarla directamente como “usuaria
de recursos sanitarios públicos”. En definitiva, se trata de una
diferente concepción que debe entenderse como una clara apuesta por la superación
de modelos tradicionalistas que, en ocasiones, suelen ofrecer respuestas
limitadas y parciales al conjunto de necesidades que presenta dicha población
en situación de precisar una intervención temprana más integral.
Al
destacado giro que supondría indudablemente la nueva ubicación de la AT en el
sistema sanitario, habría que añadir las necesidades que se vienen demandando
de ampliar la concepción histórica de la AT y de actuación sobre la
discapacidad en edades tempranas (FEAPS, 2001, GAT, 2000, García Sánchez,
Mendieta y Castellanos, 1998 y García Sánchez, 2002), dimensionando
especialmente las actuaciones encaminadas a potenciar estrategias de prevención
primaria y secundaria, además de las intervenciones terapéuticas centradas
directamente sobre el niño y su familia.
Representamos
esquemáticamente en la Tabla 1 las diferentes concepciones a las que hacemos
referencia, comparando las versiones tradicionalistas con las expectativas de
futuro próximo.
-Ver
Tabla 1 (anexo)-
En
este contexto de cambio y como situación prototípica, estratégica en el
conjunto de actuaciones relativas al campo de la AT, consideramos que debe
superarse una de las fases más cruciales y a la vez más característicos del
funcionamiento tradicional de la AT en nuestra región. Nos referimos
concretamente al proceso de diagnóstico temprano de alteraciones en
el desarrollo infantil. Esta decisiva intervención, facilitadora del resto
de actuaciones preventivas y asistenciales que se desarrollan sobre el conjunto
niño-familia-entorno (Díaz Maysounave, 2002), no debe estar encorsetada por la
limitación que supone la determinación del grado de minusvalía y la
orientación sobre ciertas prestaciones o beneficios sociales a las que
la familia puede acceder bajo dicho reconocimiento y, en último término, la
derivación a los servicios de AT más cercanos.
Por establecer una sencilla comparación, acaso si una persona que es
aconsejada por su médico de cabecera que puede necesitar unas gafas, ¿acude
previamente a un equipo técnico (externo al sanitario) que dictamina si sus
circunstancias generales son “adecuadas” para acudir posteriormente al
oftalmólogo o al óptico (independientemente de cómo las paga o qué ayudas
podría recibir para comprarlas)?
Sin
menospreciar en absoluto el interés y utilidad del reconocimiento del grado de
minusvalía, especialmente para determinadas circunstancias socio-familiares,
pensamos que esta valoración social no debería ser el “filtro único” que
seleccione el acceso a los servicios directos de atención al niño y su familia
de la población infantil que puede precisarla. Es decir, pensamos que podría
ser un recurso paralelo para quienes necesiten dicho reconocimiento y sus
prestaciones derivadas, pero no la única vía de acceso a una atención
especializada. Más aún, cuando dichos recursos sociales (función que
corresponde a los Centros de Valoración y Orientación de las Delegaciones
provinciales de Asuntos Sociales), además de ser muy específicos y externos
al organigrama sanitario público, suelen presentar en ocasiones una saturación
importante que dificulta la diligencia y rapidez que se precisa según la
filosofía y los objetivos preventivos que se divulgan y se pretenden alcanzar
en AT.
El
hecho de que las funciones de diagnóstico y/o valoración-orientación de
necesidades de AT se centralicen y monopolicen en los citados Centros Base, da
pie a otras situaciones que son claramente mejorables. Nos referimos
concretamente a la desorientación e incomprensión que frecuentemente se
produce en la familia (entendida como agente activo y participativo), y entre
los diferentes recursos para una detección temprana eficaz (agentes sanitarios
y educativos principalmente), cuando la atención que debe desarrollarse inmediatamente
no transcurre precisamente así. Y
esto sucede habitualmente cuando, insistimos, partimos de y pregonamos la
necesidad y los beneficios contrastados de una atención verdaderamente
“temprana”.
Si
es poco todo lo señalado, destacamos otra grave dificultad más para la familia
en situación de recibir una AT: La excesiva peregrinación que suelen
sufrir de unos servicios a otros entre diferentes sectores, agentes y
disciplinas profesionales diversas. Desgraciadamente, suelen padecer itinerarios
interminables (sin descartar idas y vueltas), de este tipo: educador del
colegio-pediatra-salud mental infantil-otros servicios médicos-servicios
sociales comunitarios-servicio de AT-Centro Provincial de Valoración y
Orientación-servicio de AT...
Más
allá de criterios técnicos, como pueden ser el estudio de una distribución
más racional de los recursos y sistemas de coordinación interna realmente
eficaces, defendemos abiertamente que habría que mostrar una especial sensibilidad
hacia aquellas familias a las que se les comunica que sus hijos presentan, o
pueden presentar, dificultades en el desarrollo (Díaz Maysounave, 2001). En
definitiva, nos parece fundamental cuidar al máximo el tipo de acceso (fácil,
directo, cercano) a los recursos especializados en estas delicadas situaciones.
Optimización
del proceso diagnóstico: Equipo Básico de AT
Decíamos
anteriormente que existe una preocupación generalizada sobre las necesidades de
mejorar la detección precoz/temprana de dificultades en el desarrollo
infantil (García Sánchez, 2002), con objeto de que la derivación y actuación
consiguiente de los servicios especializados logre aumentar las perspectivas de
buena evolución y la prevención de riesgos mayores en dicha población. Al
mismo tiempo, se coincide en señalar a los agentes especializados en intervención
temprana como “grandes conocedores” de la población objeto de AT y por
ello, poseedores en parte de una gran responsabilidad con respecto
al establecimiento y re-definición de criterios, mayoritariamente
psico-sociales, que contribuyan a un proceso de detección más completo y
eficaz por parte de los diferentes agentes que por su dinámica profesional
tienen acceso natural al conjunto de la población infantil de riesgo bio-psico-social
(principalmente, pediatras y educadores de escuelas infantiles).
Sin embargo, entre las funciones de referencia de los profesionales de AT
en Andalucía no se ha contemplado históricamente las de Valoración Diagnóstica.
Esta limitación, unida a la necesidad de atender las demandas con una agilidad
acorde a la que se pregona para justificar la intervención ante otros agentes
de detección a los que habitualmente se pretende informar y sensibilizar en
este sentido, debe hacernos reflexionar en definitiva sobre este tipo de
cuestiones básicas: ¿Quiénes deben ser responsables del proceso diagnóstico
en AT? / ¿Cómo optimizar dicho proceso? / ¿Sobre qué principios básicos
debe basarse? / ¿Qué consecuencias o actuaciones fundamentales deben derivarse
de dicha valoración? ...
Trataremos de desarrollar las preguntas planteadas:
Proceso
diagnóstico (I): “¿Quiénes deben ser responsables del diagnóstico en
AT?”
Bajo
nuestro criterio y de acuerdo con los marcos referenciales actuales que se
vienen citando, esta responsabilidad y las funciones que se precisan deben
recaer directamente en un equipo interdisciplinar especializado, con
formación, información y experiencia suficientemente contrastados en
el campo de la AT.
En
cuanto a la composición básica de dicho equipo de AT, consideramos
necesaria la intervención o integración de especialistas
procedentes del ámbito médico (médico pediatra o neuropediatra;
fisioterapeuta), psicológico (psicólogo especialista), educativo (pedagogo,
educador o terapeuta; logopeda) y social (educador social; trabajador social).
En
todo caso, la formación de dichos profesionales deberá ser altamente
cualificada, bien a través de estudios reglados especializados y prácticas
formativas en este campo, o bien mediante la justa valoración de la experiencia
directa acumulada a través del desempeño continuado en puestos idénticos al
exigido en centros y servicios acreditados de AT.
Se da la circunstancia de que parte de los perfiles profesionales
mencionados forman ya parte de la plantilla de los Centros de Salud de Atención
Primaria dentro del organigrama sanitario público andaluz, como son el
Pediatra, Trabajador Social y Fisioterapeuta.
Siguiendo este razonamiento, además de la necesaria planificación,
redistribución y racionalización de funciones y competencias que la inclusión
parcial de dichos profesionales en una unidad,
servicio o centro de AT requeriría, se trataría de integrar, en
el ámbito de actuación de dicho equipo de AT, la figura del Terapeuta de
atención directa al niño (preferentemente con formación específica en
psicología del desarrollo o bien en campos afines como educación especial o
pedagogía terapéutica; además del logopeda o especialista en audición y
lenguaje) y su familia (normalmente, funciones propias también del psicólogo
especialista y del trabajador
social).
Este multiprofesional e
interdisciplinar equipo de AT, se planteará
pues una finalidad integral en la intervención. Es decir, habrán
de abordarse los diferentes factores biológicos, psíquicos, sociales,
educativos, familiares, ambientales, culturales, etc. que puedan incidir
globalmente en las diferentes
vertientes del desarrollo (motor, cognitivo, comunicativo,
social) del niño con discapacidad o en situación de riesgo.
Mediante
el oportuno diseño y planificación previa en el sistema sanitario, habrá de
establecerse un espacio formal propio acorde y en las condiciones que se
prevean, que facilite el contacto, la comunicación y el desarrollo de acciones
potenciadoras del trabajo en equipo. Es decir,
basado en una alta coordinación, compenetración, corresponsabilidad,
integración de funciones, homogeneidad en las actuaciones, etc.
Proceso
diagnóstico (II): “¿Cómo optimizar dicho proceso?”
Iniciada
la detección y superada la fase diagnóstica consiguiente, hasta
la actuación del mencionado equipo interdisciplinar de AT que pueda
iniciar una respuesta determinada (integral, programada, dinámica) ante las
demandas iniciales de intervención, será fundamental lograr que dicho proceso
transcurra con la mejor coordinación posible (Díaz Maysounave, 2001 y
2002). Es decir, evitando
sobremanera situaciones complejas, poco comprensibles, prolongadas excesivamente
en el tiempo, basadas en voluntarismos personales, precisando intervenciones
sectoriales externas, parciales y escasamente relacionadas entre sí, con cargas
peyorativas y prejuicios sociales concomitantes, exigiendo largos
desplazamientos respecto al lugar de residencia, etc.
Si
partimos de que los servicios de pediatría ubicados en los Centros de
Salud de Atención Primaria en general y, los programas de seguimiento del niño
sano en particular, se pueden considerar como los principales agentes
(directos o indirectos) para la detección temprana de necesidades de AT en la
población infantil (García Sánchez, Castellanos y Mendieta, 1998 y Díaz
Maysouanve, 2001), se trataría de lograr la integración de los recursos de
AT en el sistema general de actuación hacia dicha población, como un eslabón
interno más del circuito sanitario. De este modo, se lograría que dicha
intervención de los servicios de AT se facilitase al máximo, transcurriendo la
derivación hacia ellos como un procedimiento interno, cercano,
ágil, simplificado, rápido, directo y funcional.
Para ello y citando la Ley de Atención a las personas con discapacidad
en Andalucía en su Artículo 11 sobre detección de deficiencias y atención
temprana, “el sistema público de salud establecerá los sistemas y
protocolos de actuación técnicos necesarios, para que desde la atención
primaria en adelante quede asegurado el asesoramiento y tratamiento necesario”.
Así
pues, el mencionado espacio socio-sanitario dedicado a la AT debería situarse
desde los primeros niveles de acceso de los ciudadanos a los servicios
sanitarios atendiendo a criterios naturales de sectorización y aprovechamiento
de los recursos existentes. Por tanto, desde la Atención Primaria como
primer nivel de acceso ordinario de la población al Sistema Sanitario Público
de Andalucía.
Los
Servicios de Atención Primaria de Salud, organizados en demarcaciones
geográficas denominadas Zonas Básicas de Salud, se constituyen en
unidades territoriales para la prestación de servicios de asistencia sanitaria.
Cada Zona cuenta con un Centro de Salud y los Consultorios
necesarios según su disposición geográfica.
En
este marco organizativo y dentro de la estructura de la denominada Cartera de
Servicios de Atención Primaria, sugerimos la planificación e inserción de
la Atención Infantil Temprana en los Servicios de Unidades Clínicas
y Equipos Básicos de este primer escalafón del sistema sanitario,
probablemente ampliando y diversificando la oferta actual que conforma el Seguimiento
de la Salud Infantil ya existente.
Siguiendo
una distribución lineal y en función del esquema actual del Sistema Sanitario
Público de Andalucía, se muestra en la Tabla 2 la posible ubicación de la AT
dentro de la mencionada Cartera de Servicios de Atención Primaria.
-Ver
Tabla 2 (anexo)-
En
resumen y por cuanto se ha puesto de manifiesto, el equipo interdisciplinar
especializado o equipo básico de AT debería tener la suficientemente autonomía
para cumplir eficazmente con las funciones diagnósticas que sean necesarias y
al mismo tiempo, funcionar en completa integración con la red sectorizada
de recursos sanitarios cercanos a los ciudadanos, facilitando su disponibilidad
y contribuyendo también a la máxima integración social de las familias en su
entorno natural.
Proceso
diagnóstico (III): “¿Sobre qué principios básicos debe basarse?”
Fruto
de las labores de valoración y diagnóstico precoz/temprano, se llevarían a
cabo las correspondientes intervenciones directas sobre el niño y la familia.
Dicho proceso terapéutico, de carácter preventivo y/o asistencial, deberá
desarrollarse de forma inmediata, atendiendo a criterios de sectorización,
sistematización, dinamismo e integralidad en las intervenciones (García Sánchez,
Castellanos y Mendieta,1998).
A
pesar de insistir en la oportunidad de potenciar una verdadera red
sectorizada de recursos próximos a la población y su familia en el ámbito
sanitario más cercano, mediante la implantación de un régimen ambulatorio
general en un centro físico de referencia, en ocasiones será necesario
igualmente invertir las vías de acceso, posibilitando la capacidad de
desplazamiento o itinerancia de los profesionales hacia los propios contextos
familiares cuando las circunstancias así lo aconsejen (García Sánchez, 2002).
Por
sistematización entendemos el diseño, planificación y ejecución
programada de todos los procedimientos y fases de actuación en AT (recepción o
acogida, valoración, tratamientos continuados, alta, derivación, evaluación
periódica, coordinación interna y externa, atención a demandas, ...),
evitando así la práctica de acciones descoordinadas, improvisadas o
disfuncionales.
Todo
lo que rodea concretamente al conjunto de intervenciones terapéuticas
(metodología, técnicas, programaciones individuales, materiales empleados,
etc.) deben adaptarse dinámicamente a la evolución del niño y su
familia atendiendo a criterios regulares de control y evaluación de los
programas y objetivos terapéuticos.
La
integralidad en las actuaciones terapéuticas se refiere a la pretensión
de abordar todos aquellos factores que son o pueden ser relevantes en la propia
evolución individual del niño (aspectos biológicos, psicológicos, sociales,
educativos), junto a aquellos otros relacionados directa o indirectamente con el
entorno sociofamiliar que lo rodea (aspectos relacionales, de comunicación,
implicación en los objetivos, factores ambientales influyentes, integración
escolar, etc.). En definitiva, se trata de atender globalmente todas las
áreas implicadas en el buen desarrollo evolutivo del niño (motora, cognitiva,
social, comunicación y lenguaje).
Proceso
diagnóstico (IV): “¿Qué consecuencias o actuaciones fundamentales
deben derivarse de dicha valoración?”
Tradicionalmente,
se consideran tres grandes tipologías de la intervención en AT (VV.AA.,
2000): 1) “Atención, intervención o estimulación temprana”: Entre
sus objetivos se plantea básicamente la estimulación sensoriomotriz, cognitiva
y el apoyo global al resto de áreas del desarrollo. En este apartado genérico
tendría cabida la intervención especializada del Fisioterapeuta, tanto como
actuación primaria sobre aspectos fundamentales del desarrollo motriz afectado,
como integrando otro tipo de intervenciones de carácter más paralelo o
secundario dentro de la correspondiente programación individual que se trate;
2) “Logopedia” o “intervención logopédica”: Se atienden
específicamente los déficits, primarios o secundarios, del área de
lenguaje-comunicación; y 3) “Psicoterapia” o “intervención
familiar”: Se procura apoyo, asesoramiento y orientaciones específicas
ante determinadas situaciones de riesgo o problemáticas concretas que afectan
al equilibrio y desarrollo emocional del niño y/o la familia.
En
función del tipo de trastorno del desarrollo, el carácter de la intervención
desarrollada y la periodicidad requerida para su atención, habitualmente pueden
diferenciarse tres grandes grupos como potenciales usuarios de los
recursos de AT: 1)Aquellos niños que, presentando una problemática compleja
o suficientemente instaurada o documentada (discapacidad), van a precisar
una intervención sistemática y constante con una periodicidad regular
(tratamiento semanal). En esta situación, se efectúa una intervención directa
con el niño y/o su familia, mediante una programación global que establece
unos objetivos específicos de tratamiento en función de las necesidades
valoradas; 2)Aquellos otros niños que, presentando
mejores expectativas o bien encontrándose en situaciones de riesgo o
estados previos aún indeterminados, se les mantiene un seguimiento más
variable o flexible en función de su desarrollo (quincenal, mensual,
trimestral, etc.). En tal caso, la intervención se realiza más indirectamente,
siempre dependiendo de las expectativas y la evolución real; y 3) Todos
aquellos otros niños que, presentando dificultades menores o problemas transitorios
más sencillos, se atienden normalmente a través de orientaciones puntuales a
la familia (según demanda). Las
intervenciones son más genéricas y centradas habitualmente en los familiares.
Siguiendo este esquema general,
podemos diferenciar dos grandes programas genéricos de actuación (VV.AA.,
2000) que se desarrollan habitualmente a partir de la valoración inicial y del
primer diagnóstico funcional o cualitativo considerado: a) Tratamiento
individualizado hacia el niño y su familia; y b) Seguimiento
individualizado del niño y su familia.
En cualquiera de estas dos programaciones generales
deberían contemplarse dos posibilidades de atención familiar: Ambulatoria y
Domiciliaria. Como se apuntaba más arriba, esta última opción, como es la
itinerancia de los profesionales al domicilio familiar (García Sánchez, 2002),
suele reservarse normalmente a determinadas circunstancias en las que los niños
de muy corta edad presentan graves afectaciones en su desarrollo, o bien, el
trabajo directo con las familias en su propio hogar se hace especialmente
necesario e interesante, habitualmente con fines terapéuticos y/o estratégicos
diversos: Búsqueda de mayor implicación en los objetivos a seguir; potenciar
otros modelos de actuación en los familiares; especial afectación o
dificultades de asimilación del trastorno que se trate; situaciones especiales
de deprivación social que interfieren sobre el compromiso familiar; necesidades
particulares de estimular o condicionar el hogar; etc., son algunas de las
circunstancias que aconsejarían una atención domiciliaria en AT.
Para
sintetizar las diferentes características y tipos de intervención general
citados, vamos a esquematizar la información en la tabla 3.
-Ver
Tabla 3 (anexo)-
·
Edad de atención: Argumentos que justifican la
intervención hasta los 6 años.
Al
hablar de niños susceptibles de atenderse bajo el concepto de AT estamos
considerando el periodo de 0 a 6 años, por varios motivos. En principio,
es el tramo de edad establecido según los referentes técnicos más importantes
del panorama actual en la materia a nivel nacional. Por ejemplo, así lo define
El Libro Blanco de la Atención Temprana (GAT, 2000) o el Manual de Buenas Prácticas
en Atención Temprana de FEAPS (2001).
Además,
si bien las patologías más graves suelen manifestarse precozmente,
desde el nacimiento o a edades muy tempranas (como el Síndrome de Down, la parálisis
cerebral, etc.), existe un gran porcentaje de niños que, sin contar con un
diagnóstico precoz tan contundente y preciso, van manifestando a lo largo de su
desarrollo problemas y dificultades más sutiles en su evolución (García
Sánchez, Castellanos y Mendieta, 1998), necesitando igualmente de una
intervención compensatoria especializada. Así podemos considerar por ejemplo,
diversos retrasos madurativos, trastornos generalizados del desarrollo, síndromes
inespecíficos, situaciones de alto riesgo bio-psico-social en general, etc.
Asimismo,
se considera que cada vez es más creciente la población infantil de
riesgo ante la presencia de diversos factores socio-culturales (estrés,
modelos de convivencia familiar, estilos educativos, inmigración, etc.) que van
determinando la necesidad de dirigir la AT hacia dichas problemáticas
infantiles con una visión más amplia e integral (VV.AA., 2003).
Como consecuencia de todo ello, es frecuente que cuando las dificultades que presentan los niños en su desarrollo son menos graves o pasan más inadvertidas en sus expresiones, la intervención temprana propiamente suele demorarse en el tiempo o incluso no llegar a tener lugar (García Sánchez, 2002). Determinadas dificultades no son detectadas o detectables antes de los 3, 4 ó 5 años, coincidiendo muchas veces con la entrada en los Centros Escolares (por ejemplo, retrasos madurativos moderados, dificultades relacionadas con el aprendizaje, problemas de atención, déficits socio-familiares, retrasos en la adquisición o desarrollo del lenguaje, etc.). En este sentido, podemos establecer la siguiente regla general: Mientras mayor es el peso de lo psico-social sobre lo biológico más complicado se hace el inicio de una intervención verdaderamente temprana (Díaz Maysounave, 2002) y más necesario resulta, en consecuencia, prolongar una atención en el tiempo para que ésta pueda ser realmente eficaz (por ejemplo, ante situaciones de riesgo socioambiental, trastornos de comunicación y/o lenguaje, problemas de conducta, dificultades emocionales, etc.).
En
todos los casos y en estos últimos particularmente, será imprescindible
potenciar y actualizar continuamente los niveles de formación e información
de todos los agentes responsables de una detección eficaz en AT (Díaz
Maysounave, 2002). Asimismo, habrá que promover progresivamente el reciclaje
continuo de los profesionales y los recursos necesarios (técnicas,
metodologías, instrumentos, materiales, etc.), que faciliten la consecución de
los objetivos terapéuticos propuestos (Díaz Maysounave, 2001).
Las dificultades para la detección temprana de trastornos menos evidente o más sutiles en el desarrollo antes señalada, que deducimos de nuestra experiencia cotidiana, se alimentan también de las importantes carencias que observamos en el otro sector general que es competente en materia de atención infantil temprana, como es el educativo. Concretamente, nos referimos a la ausencia de verdaderos equipos de atención temprana que asuman y desarrollen sistemática e inequívocamente funciones especializadas de dicha materia en los centros escolares de nuestra comunidad andaluza en el tramo señalado de 0 a 6 años. No olvidemos que este periodo coincide con el tramo de edad en que no es precisamente obligatoria la escolarización de los niños.
Además
de todo lo anterior, entendemos que en un gran porcentaje de casos (normalmente
en las discapacidades más graves), la atención individualizada que se mantiene
en un servicio de AT debe, de algún modo, centralizar el conjunto de
intervenciones y recursos que requiera el niño y/o su familia desde su
nacimiento o desde la detección de sus necesidades, hasta, al menos, los 6 años
de edad. Mientras mayores son las dificultades y más necesidades se
manifiestan, la continuidad de la intervención debería estar más
asegurada. Como ejemplo, podemos considerar el período crítico de los primeros
años de escolarización, momento especialmente delicado en donde la actuación
de los profesionales de AT resulta fundamental como elemento de referencia
constante que desarrolla funciones de mediación
y orientación técnica, al tiempo que aportando serenidad ante diferentes
demandas y fuentes de estrés para la familia y los profesionales del sector
educativo en estas complejas situaciones.
En
definitiva, será otra función esencial de la AT favorecer positivamente la
transición del niño con discapacidad hacia posteriores etapas curriculares,
contribuyendo a que las diferentes estructuras que puedan activarse actúen con
la mayor coordinación posible (García Sánchez, 2002).
En cualquier caso, parece que los criterios de edad que se establecen para finalizar los tratamientos o intervenciones específicas de AT, deben adaptarse a las diferentes realidades del niño, su familia y el entorno, adoptándose la flexibilidad necesaria en la práctica para aquellas circunstancias que así lo aconsejen. Si bien es oportuno establecer límites y criterios claros, no sería de recibo actuar con una rigidez excesiva en aquellos casos que se perciba como contraproducente. No debemos olvidar que, en muchos casos, la AT es un primer eslabón en la cadena de servicios y recursos que puede necesitar la población infantil con discapacidad y su familia a lo largo del tiempo (García Sánchez, 2002). Nuevamente apelamos a la especial sensibilidad que siempre debe estar presente en la atención a este importante sector asistencial.
En el verdadero mosaico que ofrece la AT en Andalucía,
queríamos detenernos brevemente en las particularidades de la provincia de
Sevilla, por ser nuestra realidad cotidiana.
Creemos
no equivocarnos si afirmamos que, en comparación a otros modelos de subvención,
el panorama sevillano de AT es quizás de los más favorecidas y favorables, por
cuanto existe toda una red de servicios sectorizados, municipales y en la
mayoría de los casos de ámbito comarcal, que
han venido funcionando a través de Convenios anuales prorrogados entre
los Ayuntamientos respectivos y la Delegación Provincial de Asuntos Sociales,
presentando una unificación importante en sus criterios técnicos
y en su funcionamiento básico bajo la denominación común del Programa de
Atención Infantil Temprana (PAIT).
Este
Programa, de importante trayectoria y arraigo en la red de recursos públicos
municipales, fue diseñado e impulsado a partir de los años 80 desde el antiguo
Centro Base de Minusválidos de Sevilla. El
PAIT y su materialización progresiva a través de los respectivos servicios
(denominados SAIT) representa, con sus logros y limitaciones, una
experiencia única en todo el territorio andaluz como modelo de AT universal,
público, gratuito y cercano a la población en su medio rural.
·
Sistema de Financiación de los Servicios Vs. Calidad de la
atención
Con
todo, este modelo de AT en Sevilla presenta importantes lagunas,
fundamentalmente originadas por las características del propio sistema de
financiación que los sustenta. Nos referimos a la injusta limitación que
supone que únicamente se financie el tratamiento de un número de niños
establecido anualmente y no se reconozcan, o bien se incluyan indirectamente
bajo dicha partida (en cuyo caso el importe es mínimo), diversas funciones que
forman parte de la intervención temprana dirigida hacia el niño, la familia y
el entorno. De este modo, no aparecen financiados directamente actividades tales
como la atención sobre la familia, labores de valoración inicial, detección,
coordinación intersectorial e interprofesional con los diferentes agentes de
derivación, integración y seguimiento escolar de la población atendida,
actividades de concienciación y sensibilización de la población en general,
derivación hacia otros recursos externos, etc.
De igual forma, tampoco se contemplan acciones de seguimiento, orientación
y atención de otros casos que, por diferentes circunstancias, acuden a los
servicios y no pasan a engrosar los listados oficiales de niños atendidos.
Igualmente, no se financian aquellos niños atendidos que superan el número de
plazas establecido al inicio de los convenios.
Este
sistema de financiación, además de no responder al conjunto de necesidades
reales que son atendidas desde los correspondientes servicios, corre el riesgo
de menoscabar la calidad de la atención que se ofrece a los usuarios si
solamente se justifica a través de ciertos criterios numéricos parciales (García
Sánchez, 2002). En todo caso,
resultaría más completo un análisis cuantitativo que, además del número de
niños o las horas de tratamiento mensuales, también valorase otras cifras
importantes como pueden ser el número de habitantes y porcentaje de población
infantil, número de localidades atendidas, centros de educación infantil y
colegios de la zona con los que se interviene, consultorios y centros de salud
con los que se mantiene coordinación, zonas de trabajo social, etc...
Tenemos
que reconocer que este tradicional vacío en el sistema de subvención se
intenta compensar habitualmente por la buena disposición y voluntad de los
profesionales implicados que, en muchas ocasiones, se ven expuestos a una fuerte
presión. En unos casos, para tratar de equilibrar el modelo de calidad
que se pretende conseguir con el mantenimiento de cifras y estadísticas que
estabilicen económicamente la continuidad del servicio.
En otras ocasiones, se soportan ratios de atención altísimas en relación
al número de niños que atiende cada profesional, con un desbordamiento y
masificación verdaderamente desaconsejable a todos los niveles, sin que se
instrumenten mecanismos compensatorios para estas adversas circunstancias.
Teniendo
en cuenta estas dificultades y atendiendo a diferentes factores individuales
decisivos (patología, afectación, evolución, tipo de tratamiento, demanda
familiar, etc.), se hace necesario definir unos criterios estables de cuál debe
ser la ratio de atención aconsejada por terapeuta. El Manual de Buenas
Prácticas en Atención Temprana (FEAPS,
2001) considera la cifra de 12-14 niños por terapeuta, sugiriendo 2 sesiones
semanales por cada niño. Con esta proporción, se dedicarían 25-28 horas
semanales a dicha atención terapéutica directa. Hasta completar la jornada
laboral, se desempeñarían las demás actividades indirectas de programación,
realización de informes individuales, coordinación interna y externa,
entrevistas, visitas y seguimientos a otros centros, etc.
Calificamos también de sobreesfuerzo profesional destacado el hecho de que la composición de los diferentes servicios de AT en la provincia de Sevilla suele estar limitado a uno o dos terapeutas y de formación monodisciplinar (habitualmente psicólogos). Entendiendo que esta realidad responde también a criterios económicos (en cuanto a la dotación dineraria de los servicios), los profesionales tratan igualmente de compensar en lo posible la necesaria interdisciplinariedad en AT a través de labores continuadas de coordinación interprofesional con diferentes agentes relacionados con la AT, generalmente adscritos al sector sanitario (pediatras y personal de unidades médicas especializadas) y educativo (educadores, orientadores y profesores de escuelas y centros infantiles). Es el momento de tratar de lograr que este tipo de actuaciones no se abonen al criterio personal y voluntario o a las posibilidades variables del personal de turno, sino que forme parte de sus obligaciones y de su respuesta profesional cotidiana (Díaz Maysounave, 2002).
Como
decíamos al comienzo de este documento, desconocemos cómo la administración
de la Junta de Andalucía en general y la Consejería de Salud en particular
tiene previsto o no la implantación de la atención infantil temprana en
nuestra comunidad al amparo de la aplicación de la Ley de Atención a las
personas con discapacidad en Andalucía. Lo
que sí sabemos, por determinadas comunicaciones oficiales, como son las
finalizaciones de convenios entre Delegaciones provinciales y entidades locales
en el ámbito de Asuntos Sociales, es que dicho proceso debe estar muy próximo
en el tiempo.
Desde
nuestra perspectiva de asociación de profesionales, apostamos por que el
traspaso definitivo de la AT al Sistema Sanitario Público andaluz, con los
procedimientos que se determinen al efecto, debe traducirse en un salto de
calidad importante con respecto a los modelos desarrollados hasta ahora. Por
tanto, entendemos que dicho proceso de cambio debe partir inicialmente de los
recursos y experiencias existentes, adoptando una clara intencionalidad
potenciadora, constructiva y optimizadora respecto a las intervenciones
dirigidas a los niños con discapacidad o en situación de riesgo, su familia y
la comunidad en general.
En
este marco general de intenciones, vamos a resumir las principales propuestas
técnicas que han ido apareciendo a lo largo del presente documento:
·
Partimos de
la definición y los principios generales que plantea el Libro Blanco de la
Atención Temprana (GAT, 2000), como criterios básicos para el diseño y
planificación futura de la AT en nuestra región.
·
Proponemos la
idoneidad de habilitar un espacio socio-sanitario dedicado a la atención
infantil temprana, insertado en el Sistema Sanitario Público y al amparo de sus
principios fundamentales de actuación.
·
Defendemos
que la Valoración y Diagnóstico de la población infantil con discapacidad o
en situación de riesgo, debe recaer sobre un Equipo Básico, Interdisciplinar y
Especializado con formación, información y experiencia contrastados en el
campo de la AT.
·
Proponemos la
integración o incorporación de la figura del Terapeuta de atención directa al
niño y su familia al resto de servicios o apoyos que podrían conformar dicho
Equipo Básico de AT (pediatra, fisioterapeuta, trabajadora social, otros
profesionales).
·
Defendemos la
integración de dicho Equipo Básico de AT desde la Atención Primaria (Centros
de Salud), como un recurso más del circuito o sistema sanitario público.
·
Fruto de las
labores de valoración y diagnóstico iniciales, se llevarán a cabo las
intervenciones directas sobre el niño y la familia, de acuerdo a criterios de
sectorización, sistematización, dinamismo, evaluación, integralidad y
globalidad.
·
Genéricamente,
los profesionales competentes en su área desarrollarán tres tipos de
actuaciones posibles: Intervención Temprana; Logopédica; y Familiar.
·
Cualquier
intervención se podrá englobar en alguno de estos dos programas generales: De
Seguimiento o de Tratamiento individualizado.
·
Las características
propias de cada intervención y la periodicidad requerida dependerá del tipo de
trastorno atendido. En este
sentido, se pueden considerar tres tipos de usuarios potenciales de los recursos
de AT: Discapacidades documentadas; situaciones indeterminadas o estados
previos; y dificultades menores.
·
Diversos
argumentos de peso (dificultades para la detección precoz, demanda creciente de
otros factores de riesgo, carencias del sector educativo, etc.), justifican que
los servicios de AT deben atender a la población infantil durante, al menos, el
periodo de 0 a 6 años .
·
Será
fundamental potenciar y actualizar periódicamente la formación e información
de los profesionales responsables de la AT (reciclaje continuo).
·
Consideramos
que el sistema de financiación de los tratamientos de AT pasa por la superación
de sistemas arcaicos (basados en el establecimiento de un determinado número de
niños atendidos bajo determinados criterios) y la apuesta por la potenciación
del carácter de SERVICIO (asistencial y/o preventivo) hacia la población de
referencia en su conjunto.
Tal como sucede en
los procesos madurativos de los niños, las dinámicas de crecimiento arrastran
consigo márgenes de incertidumbre e inestabilidad, hasta que se asimilan y
acomodan efectivamente los cambios. Así, entendemos las expectativas que se
despiertan con el traspaso de competencias de la AT del marco de asuntos
sociales al de salud en Andalucía. Es decir, esperamos que esta evolución
suponga un verdadero progreso respecto a los modelos tradicionales y que la
balanza de ventajas e inconvenientes posibles se incline claramente hacia los
primeros.
Por
tanto, partimos de que el cambio a Salud puede resultar muy beneficioso,
principalmente para facilitar algunos de los considerados problemas endémicos
de la AT y por ello, necesitados de mayor desarrollo, tales como la Prevención
y la Integración socio-familiar de la población infantil con trastornos
en el desarrollo en sus primeras edades.
Respecto
al primero de ellos, la Prevención, porque desde la organización del
modelo sanitario podrían quedar resueltos en gran medida situaciones claves
ligadas al diagnóstico precoz / temprano, la detección y la derivación entre
profesionales y servicios, hasta ahora de dependencia y organización
administrativa diferente. Además,
los diferentes niveles de prevención (primaria, secundaria y terciaria)
aumentan incuestionablemente sus posibilidades de desarrollo y viabilidad desde
la experiencia y trayectoria que acumula el modelo de funcionamiento sanitario.
De algún modo, se trataría de enriquecer las labores preventivas propiamente
bio-médicas, con las aportaciones psico-sociales procedentes de otras áreas ya
intervinientes en AT.
En
relación al segundo factor, la socialización, normalización e integración
social de las familias con niños discapacitados o en situación de alto
riesgo, estamos convencidos de que la implantación definitiva de los recursos
de AT en la red sectorizada de Atención Primaria de Salud y la simplificación
del acceso a los mismos, facilitaría enormemente dichos objetivos en el terreno
de la realidad cotidiana de las familias implicadas en estas circunstancias.
Consideramos
que, partiendo de la precariedad y limitación económica que, con frecuencia,
decide finalmente el tipo de concreción real de estos procesos a niveles político-administrativos,
realizamos en este documento un planteamiento pragmático en coste y
supuestamente viable en su implantación, pues como se viene argumentando se
trataría inicialmente de incorporar la figura del Terapeuta de atención
directa al niño y su familia a un posible Equipo Básico de AT, cuyos
profesionales ya funcionan con distintas competencias y asignaciones (Pediatra,
Fisioterapeuta, Trabajador Social, otros).
Con este esquema inicial, la determinación del citado espacio socio-sanitario de AT (servicio, unidad, centro,...) tendría que fundamentarse necesariamente en la coordinación de servicios o apoyos complementarios. En este modelo de coordinación de recursos habría que evitar ciertos riesgos, tales como que la familia deba peregrinar de un sitio a otro. La idea sería, más bien, que sean los distintos profesionales que se relacionan los que se muevan en función de la demanda real y la fase de actuación que se trate en cada momento (diagnóstico, diseño de programaciones individuales, tratamiento directo, seguimiento, evaluación, ...). Sin embargo, el Terapeuta de AT sí tendría una ubicación fija en dicho espacio para la atención planificada al niño y su familia, convirtiéndose de alguna manera en referente y nexo de unión constante para la familia en relación al resto de recursos. Sin perjuicio de la normal dedicación a las demás labores o gestiones externas o de carácter más indirecto igualmente necesarias (reuniones de coordinación, programación, elaboración de informes de evolución, visitas domiciliarias, seguimientos en escuelas infantiles, etc.).
De
cualquier forma, lo que aquí se plasma no es sino un conjunto de reflexiones y
sugerencias como planteamiento inicial, a mejorar indudablemente con otras
aportaciones, propuestas y análisis críticos diversos y, en su caso, con la
propia evaluación del proceso seguido ya a través de la práctica diaria.
Díaz
Maysounave (2001): Resumen y conclusiones de las Jornadas de Atención Temprana:
Coordinación e Integración de Servicios Socio-Sanitarios. Revista de Atención
Temprana, 4 (2), 108-112.
Díaz
Maysounave (2002): Reflexiones sobre el proceso y la eficacia de la detección
en Atención Temprana. Revista de Atención Temprana, 5 (2), 111-117.
García
Sánchez, F.A.; Castellanos, P.; y Mendieta, P.(1998): Definición de Atención
Temprana y de sus vertientes de intervención desde un Modelo Integral. Revista
de Atención Temprana 1(2), 57-62.
García
Sánchez, F.A. (2002): Reflexiones acerca del futuro de la Atención Temprana
desde un modelo integral de intervención. Siglo Cero, 32 (2), 5-14.
Grupo
de Atención Temprana (2000): El Libro Blanco de la Atención Temprana. Real
Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalías. Madrid.
VV.AA.
(2000): Informe técnico sobre el modelo de intervención en atención temprana
para la Región de Murcia. Revista de Atención Temprana, 3 (1), 37-47.
VV.AA.
(2001): Manual de Buenas Prácticas en Atención Temprana. FEAPS. Madrid.
VV.AA.
(2003): Monográfico sobre Atención Temprana. Revista Minusval. IMSERSO.
Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Madrid.
Web:
www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/
ANEXO:
TABLAS QUE SE CITAN EN EL TEXTO
* Tabla 1:
Conceptos básicos ligados a la AT, según modelos tradicionales o expectativas
de futuro.
|
Conceptos
básicos |
a)
Modelos tradicionalistas |
b)
Expectativas de futuro |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
* Tabla 2:
Ubicación
posible de la Atención Infantil Temprana en el esquema sanitario público de
Andalucía.
|
SERVICIO ANDALUZ DE SALUD |
|
> SERVICIOS SANITARIOS |
|
>> ATENCIÓN PRIMARIA |
|
>>> Servicios de U. Clínicas y Equipos Básicos de A.P. |
|
>>>> Seguimiento de Salud Infantil |
|
>>>>> Atención Infantil Temprana |
* Tabla 3:
Representación esquemática de tipologías de trastornos, características de
las intervenciones y periodicidad en la atención.
Trastornos
tipo
|
Intervenciones
tipo
|
Periodicidad
tipo |
|
1.
Discapacidad manifiesta (bio-psico-social). |
Programación
y tratamiento individual |
Sesiones
semanales |
|
Intervención
directa sobre el niño y/o familia (ambulatoria
o domiciliaria) |
||
|
Objetivos
terapéuticos específicos revisables |
||
|
2.
Situaciones indeterminadas o estados previos (riesgo
bio-psico-social) |
Programa
de seguimiento flexible |
Variable
(según evolución) |
|
Intervención
indirecta (ambulatoria o domiciliaria) |
||
|
Con
o sin objetivos terapéuticos específicos |
||
|
|