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LA PRÁCTICA PSICOMOTRIZ |
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Autora: LAURA BARRIOBERO |
| http://www.cprlogrono.com/cursomotri/sesion2.htm
A continuación voy a explicar como haría yo mis sesiones de psicomotricidad siguiendo una metodología constructivista que huye del juego dirigido y deja al niño expresarse libremente con su cuerpo y eliminar todas sus tensiones. Me encantaría poder llevarla a la práctica pero ni dispongo del material adecuado ni de un sala amplia para desarrollar las sesiones de psicomotricidad, así que voy a diseñar una sesión ideal que es como a mi gustaría desarrollarla. En un primer lugar voy a hablaros de cómo ubicaría los espacios y materiales y después de los tiempos de la sesión, cómo la empezaría , qué haría... |
| El dispositivo espacial:
Quedará configurado por la distribución de la sala de psicomotricidad en distintos espacios con diferentes materiales que ayudarán al niño a realizar su propio itinerario madurativo. Estos espacios no tienen por qué implicar una concepción rígida de la práctica psicomotriz, sino que son favorecedores de los diferentes aspectos de la expresividad motriz, en función de las distintas etapas evolutivas. Así pues, la sala la dividiría en dos espacios:
En definitiva, dos espacios que favorecen la representación cada vez más evolucionada a través de un proceso que va desde el movimiento a la expresión por medio del lenguaje oral y escrito. |
| El dispositivo temporal
El dispositivo espacial se combina en la sesión con un dispositivo temporal. La sesión durará una hora y se repetirá dos veces por semana. En ella diferenciaré tres tiempos esenciales, además de los rituales de entrada y de salida:
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| Metodología de las sesiones
La metodología seguida en las sesiones estará dirigida a proporcionar un itinerario madurativo que permita al niño vivir la historia de la formación del pensamiento, como explicaré a continuación. La primera parte de la sesión comienza por los juegos de seguridad profunda, que se pueden iniciar con la destrucción de una gran torre de cojines por parte de los niños. Disponer los cojines de gomaespuma de esta manera es una provocación para que el niño los destruya, puesto que la destrucción libera las representaciones mentales a la vez que libera lo tónico-emocional (Winnicott, 1978). O dicho de otra forma, en la acción de empujar hay un desgaste de energías que favorece la disminución de tensiones tónicas y musculares, visuales, auditivas, cutáneas, en definitiva, de toda la sensorialidad propioceptiva y exteroceptiva. La liberación de estas tensiones tiene gran importancia para movilizar y liberar las emociones. El hecho de derribar los cojines entraña también un simbolismo unido al hecho de verlos caer; el niño, al darse cuenta mediante esta acción de que esa gran montaña aparece y reaparece, empieza a realizar juegos de aparecer-desaparecer, construir-agrupar-dispersar, ligados a un gran placer corporal, a la risa, a gritos de alegría, ganas de correr, comunicarse con los otros a través de los objetos y en el espacio. El niño, debido a la gran liberación de la musculatura en los juegos de seguridad profunda, alcanza una mayor disponibilidad motriz, que propicia los juegos sensoriomotores. Podemos comprobar, de esta manera, cómo en una primera parte de la sesión muchos niños alternan ambos tipos de situaciones, mientras que otros pasan de los juegos de seguridad profunda a los juegos sensoriomotores. En los juegos de placer sensoriomotor el niño experimenta situaciones corporales en las que percibe y controla los parámetros externos. A través de dichos parámetros, sobre todo del espacio, toma conciencia de los parámetros exteriores y participa entonces de la conciencia del esquema corporal. La sensoriomotricidad enlaza con los juegos simbólicos. Por medio de ellos, el niño da a los objetos reales un uso simbólico, lo que pone de manifiesto su capacidad creadora. Afectividad y simbolización aparecen íntimamente unidas permitiendo vivir al niño su vida fantasmática, dentro de un contexto de realidad que le ayuda a adquirir su identidad. Por medio del juego simbólico, el niño transforma los objetos reales en simbólicos, proceso cargado de emoción a partir del que hace un análisis de los parámetros cognitivos de los objetos. Estos juegos implican un recorrido intelectual del que el niño no es consciente al estar inmerso en sus afectos, pero que está poniendo en juego el desarrollo de su inteligencia. Cuando el niño juega con los objetos trasladando características cognitivas de los mismos a objetos reales presentes en la sesión de psicomotricidad (escopeta o espada a palo, volante de un coche a un aro, piscina en una colchoneta, etc.) y realiza también el proceso inverso, moviliza una amplitud de funciones intelectuales y, sobre todo, la capacidad de anticipar. La finalidad de introducir un cuento después de la vivencia de los juegos anteriormente indicados, tiene por objeto ayudar al niño a abstraerse del movimiento, para pasar al segundo espacio. Es decir, favorece el paso de la expresividad motriz al lugar de la representación donde no hay prácticamente movimiento. Con este fin, se reagrupa a los niños para escuchar la historia. Pueden hacerlo con sus disfraces o con los materiales que estén utilizando. Se trata de ayudar a que el niño viva intensamente el movimiento en el pensamiento sin perder la carga emocional. Esto se realiza así, con el fin de que el niño conserve la emoción y la representación de lo imaginario. Por ello, en esta dinámica de trabajo que se desarrolla en la sesión, es necesario primero que el niño viva el movimiento intensamente y después utilizar aquellas estrategias que permiten el paso del cuerpo al pensamiento y a la movilización del pensamiento. De esta manera, estaremos cumpliendo el fin último de la práctica psicomotriz, que consiste en hacer posible que el niño experimente una gran riqueza de vivencias, que generen en él numerosas representaciones mentales. A partir de las mismas, el niño establecerá multitud de relaciones creativas con el mundo que le rodea. El momento de la representación puede ser considerado también como una manifestación de la unidad corporal, a través de las producciones gráficas, de la ocupación del espacio con las construcciones en madera, dibujo, o representaciones con la plastilina. Hay en estas producciones descentración, representación de los recuerdos, una energía motriz y física cuyo origen está en la pulsión del placer. El niño, en su vida fantasmática original, es capaz de captar la realidad y la riqueza de la vida exterior, tanto a partir de la acción y de la vida exterior, como a partir de la acción y del acto gráfico. Si el niño tiene la posibilidad de encontrar en la escuela la seguridad afectiva, la emoción de conocer y el placer de existir, si los educadores somos capaces de despertar el deseo y el placer de conocer en el niño, la escuela estará cumpliendo su fin último: ser un lugar de emoción, comunicación y desarrollo. Los medios para ello indudablemente son muchos. Personalmente y desde uno de los campos profesionales en los que llevo trabajando muchos años, la psicomotricidad, creo que se puede conseguir esto. Podemos preparar al niño para que sea aprendiz de sus propios aprendizajes, a ser investigador y a aprender con placer.Y todo esto desde un enfoque bidireccional, puesto que nosotros como educadores experimentaremos también la emoción como mediadores de este aprendizaje, junto con los padres de los niños, descubriendo asimismo el placer de enseñar a través de procesos únicos e irrepetibles. |